La curiosa historia de los primeros 12 iPhone que llegaron a EE.UU.

El 9 de enero de 2007 Steve Jobs anunciaba orgulloso el primer iPhone, un teléfono que recibió multitud de críticas por su elevado precio o su carencia de teclado físico en un mundo en el que las Blackberry dominaban el mercado gracias a su teclado QWERTY completo y un sistema de mensajería y de emails que dejaba a su competencia, en especial en el ámbito empresarial, a la altura del betún.

A pesar de todas esas críticas, Apple demostró que los usuarios querían un teléfono como el iPhone y que a pesar de un precio superior al resto y la falta de un teclado físico, su éxito fue arrollador. El hecho que confirma esto es que tras el lanzamiento del iPhone la industria de la telefonía móvil ha cambiado por completo en tan sólo 11 años. Y esta gran revolución tiene un comienzo cuanto menos curioso que tuvo que infringir alguna ley para ofrecer a los usuario una experiencia completa.

Para ello hay que remontarse al año 2007, cuando el iPhone fue anunciado en la Keynote que se llevó a cabo a principios del mes de enero y en la que se presentó el primer iPhone, que sería lanzado seis meses más tarde, en junio de ese mismo año. Y es que no hay que olvidar que el iPhone que se mostró durante la presentación no era más que un prototipo que funcionaba parcialmente, que contenía multitud de fallos y que en caso de dar problemas se sustituiría sobre la marcha por uno de los otros iPhone que tenían de reemplazo.

Ahora que ya estamos metidos en ese momento tan crítico, durante esos seis meses las cadenas de ensamblaje de Foxconn estaban a pleno rendimiento con un producto totalmente nuevo y revolucionario. Y uno de los puntos clave del nuevo iPhone era el envoltorio, el mismo que se encontraría cualquier otro usuario a finales de junio. El objetivo era que Steve Jobs, Tim Cook, Jonathan Ive y el resto del equipo viviese la misma experiencia que cualquier otro usuario de iPhone desde que abría su caja hasta que encendía y utilizaba su nuevo teléfono. Pero esto implicaba un problema, ya que tenían que salir de China productos listos para la venta con su envoltorio intacto, lo cual infringe las leyes de Estados Unidos.

Bob Burrough, el héroe de esta historia

Es aquí donde entra Bob Burrough, que llegó a Apple como Software Development Manager, puesto similar al que ocupaba previamente en Palm. Burrough se encargaba del software utilizado en el proceso productivo del primer iPhone en China, por lo que su experiencia era muy necesaria en el país asiático. Hacia finales de abril o principios de mayo salieron los primeros iPhone de la cadena de montaje listos para ser testados por la cúpula directiva de Apple, por ello era de vital importancia que llegasen a Cupertino con el envoltorio intacto, como lo recibiría cualquier futuro usuario unas semanas más tarde. Pero esto implicaba que esos 12 teléfonos nuevos en conjunto, superaban ampliamente los 2.500 dólares que las leyes estadounidenses ponen como límite para no tener que declarar estos productos.

En esta ocasión, y para no infringir las leyes, Bob Burrough viajaría con un compañero para así repartirse los 12 iPhone y no superar el límite de los 2.500 dólares por pasajero. Y es que con un precio de 299 dólares por unidad (junto con un contrato de dos años de permanencia con AT&T) no era viable que un único pasajero cargase con todos los iPhone. Sin embargo, el compañero de Bob tuvo que volver a la fábrica de Foxconn por una emergencia y Bob Burrough se quedó solo en el aeropuerto con los 12 iPhone sin abrir listos para la venta.

Ante esta situación Bob Burrough se planteó seguir los cauces legales una vez llegase a la frontera estadounidense y declarar los terminales, lo que conllevaría un papeleo interminable, un retraso importante a la hora de entregar los iPhone al equipo directivo y compañía, y lo que seguramente le decantó por optar por la opción ilegal, una gran bronca por parte del propio Steve Jobs. Así que finalmente optó por no declarar los 12 iPhone e intentar cruzar la frontera con los teléfonos distribuidos entre su equipaje de mano y el facturado. Y parece que a jugada le salió bien, ya que no tuvo ningún problema y pudo hacer llegar a Steve Jobs y al resto de ingenieros y jefes de departamento los ansiados iPhone.

Sin embargo Bob Burrough confesó que no hizo lo correcto y que de encontrarse en la misma situación no haría lo mismo. Pero esto no hace más que acrecentar la leyenda gamberra y rebelde que se esconde en Apple desde sus inicios con la famosa frase que pronunció Steve Jobs: “Why join the navy when you can be a pirate”.

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